13 enero 2009

Queda prohibido

Hoy le robo una reflexión a Neruda. (Con su permiso, maestro)

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos...

Queda prohibido no sonreir a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños...

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen menos que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha...

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita...

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti, este mundo no sería igual...

Photo taken by Carmen Alcántara. Milady Beach (Biarritz)

Gracias Manu por enviarme esta joya, por tu paciencia y por hacerme más llevaderos estos momentos. Prometo llamarte, aunque, me temo que, he perdido toda mi credibilidad. Dame un poco más de tiempo.

03 enero 2009

Playing For Change | Song Around the World

Ojalá esto fuese la realidad y no solo en Navidad. Ojalá Israelitas y Palestinos entonasen este canto, de una vez por todas, olvidasen sus odios. Jamás se puede justificar la muerte bajo ningún concepto, bien sea la religión o un trozo de tierra. Está siendo una noche dura en Gaza, cientos de personas están siendo asediadas por tierra, mar y aire. Tenemos que pararnos a meditar, qué será de la humanidad si seguimos este camino. ¿A quién le importa realmente que esto continúe? ¿Quiénes son los responsables directos de esta masacre?
Este vídeo va por y para todos los caídos en esta noche sangrienta.

01 enero 2009

Crónica de una Nochevieja

De lo que lamentamos, pasado el año extinto, se deriva probablemente el primer paso que se de en el nuevo que comienza. No quiero hacer crónica de la Nochebuena por que, me da a mi, podría terminar como el rosario de la aurora. Quizás para poder describir esta noche pasada debería adjuntar fotos, que las hice, pero todo dependerá del ánimo con el que me encuentre cuando me vacíe delante de este editor de entradas que, a falta de amigos tocables, va a ser el que me soporte durante un ratito.

Tendría, eso si, que empezar primero soltándole al mundo, de una vez por todas, el penoso estado emocional en el que me encuentro desde hace hoy, exactamente, 23 días. Toda crónica merece un título, para esta tengo uno que si bien lo describe perfectamente también lo hace más duro: 'Abandonada'

Estoy segura que la otra parte tendrá otros titulares, pero, sinceramente, no me interesan. Me importa una reverenda shit. El caso es que, llegando a los 40, los hombres se vuelven tan vulnerables como cabe suponer. Intentando no caer en tópicos diré que éste conserva toda su cabellera, la barriga es la misma desde hace 7 años y los negocios también le van igual de mal, o peor, que entonces.

Como uno de los propósitos para este 2009 recién estrenado es 'ser la persona más egoísta del planeta' no pienso escribir ni una referencia más del huido y voy a centrarme en la crónica que es a lo que hemos venido hoy aquí.

Ayer, de mañana, ya tenía preparada la lista de la compra, pensada exclusivamente por y para mi, de lo que me apetecía meterme, entre pecho y espalda, por la noche. Ostritas, huevas de salmón, unos ahumados de pescado, un buen champagne, que al final resultó ser un más que aceptable cava rosado, y las tradicionales 12 uvas. Una vez en el supermercado me agencié unas lonchitas de jamón de jabugo y unas vieiras rellenas.

Lo bueno que tiene cenar sola en Nochevieja es que el estres del éxito con los comensales no existe, tampoco la obligación de compartir las ostras y, creedme, ver un plato rebosante de estos bichitos vivos frente a ti y saber que nadie meterá la mano excepto tú es una experiencia única y muy recomendable.

Como no soy de hierro, tuve que repetirme durante toda la mañana que esa noche era una más de tantas, que no importaba que detrás de la ventana una cantidad ingente de peripuestos viandantes te recordasen hasta el hastío que esa noche era especial y que nunca hay que pasarla por alto. Según se acercaba el momento recibí e hice un par de llamadas. También recibí unos cuantos mensajes, del que ya no está, con unas pretensiones infames haciendome creer que soy gilipollas y que mi dignidad no era tal sino cabezonería. Al final ganó mi mente, ejemplo claro de que probablemente este año voy a conseguir aquello que me propuse de ser, además de egoista, la persona más arrogante del planeta. Por que yo lo valgo.

Cuando quiero, soy muy organizada, muy metódica y siempre puntual. En mi cabeza tenía todo el horario previsto, otra ventaja cuando sabes que no tienes esperar, ni correr para que no te esperen.

Resumiendo un poco diré que a las 8 de la tarde comencé con los preparativos. Abrí la cajita de ostras, piqué el hielo, corté el limoncito y coloqué los ahumados en un platito espolvoreado en cilantro y chalotas exquisitamente picadas bautizado todo con un excelente aceite de oliva. Tras los titulares del informativo de las 9 saqué a mi pobre perro, el cual también sufrió en sus carnes esa cantidad ingente de niños y no tan niños que, durante horas interminables, no dejaron ni un petardo sin reventar, ni una traca sin disparar. Si, aquí donde vivo está totalmente prohibido la venta de petardos pero para eso existen las fronteras y viviendo a menos de 1 kilómetro de Francia las posibilidades son infinitas. Allí puedes acceder a toda esta serie de productos sin el más mínimo control e impunidad. No es que esté en contra de las celebraciones sonoras, pero si en contra de los descerebrados que pueden tener acceso a ellas. Como el paseo fue rápido, por que mi perro así me lo hizo entender pegándose como las lapas a mis piernas y no intentando ni tan siquiera hacer el amago de evacuación, a las 9.30 ya estábamos de vuelta. Le serví su apestoso pienso que a él le sabe a gloria bendita y le cambié el agua con la pretensión de que bebiese y se tranquilizara.

Lógicamente, nada de esto ocurrió, seguía tan pegado o más que antes a mis piernas, situación que hacía un poco más complicado encender el horno para las vieiras, colocar las huevas de salmón en medio de los ahumados, emplatar el jabugo y pone
r la mesa. Siguiendo con los cambios pensé que el mejor sitio para cenar esa noche era la mesa entre sofás y no la habitual para comer. Esto responde a no tener que ver sillas vacías en torno a mi. Así que, busqué el mantelito más original de entre los que tengo, coloqué una velita en el centro y unos guijarros que me traje del norte de Italia, hace tres años, recogidos de las orillas del lago Garda. Con mucho mimo fui colocando los platos, precalentando el horno, colocando las copas... y en cuestión de 15 minutos todo estaba dispuesto para mi deleite.

Cuando observé el resultado me pareció estar ante la mesa más bonita y suculenta de todas las que he conocido por cualquier medio para la ocasión. Así que, me colgué una medalla, me tiré un beso y descorché el cava. El atracón fue de órdago, disfrutando, paladeando, degustando poco a poco... No os creais, cuando cenas sola en Nochevieja la duda de qué dejar para el final te asalta constantemente, pretendiendo que, la última vianda que ingieres, sea la más especial y de la que deseas que quede el regustito final. Elegí, como no, la ostra más grande de cuantas había. Una delicia.

Después de la pitanza, y sin tener que contar con nadie, o luchar, para que te ayude a recoger, dispuse toda la porcelana en el lavavajillas. Saqué mi turrón de chocolate preferido y continué intentando poner fin al cava. Las uvas las quise mantener en el frigorífico hasta el final, limpias de pepitas y, siguiendo con el horario, pensé que el mejor momento sería un cuarto de hora antes de las campanadas en cualquiera de los innumerables cortes de publicidad que tanto sufrimos habitualmente pero que en días como estos se multiplican hasta el infinito.

Hasta pasadas las 11 todo fue como la seda, bajo el horario previsto, sin novedad en el frente, así que, me tumbé en el sofá, con la mantita hasta las orejas, mi perro tumbado al lado con el corazón en un puño y el mando a distancia cerquita para el zapping.

A las 11.30 miré el móvil para saber la hora...

Cuando me desperté, gracias a que mi madre llamaba por teléfono para felicitarme la entrada de año, eran las 12.05 del 1 de Enero de 2009. ¿Qué narices ha pasado? ¿Dónde estoy? ¿Se ha equivocado mi madre y me está llamando antes? Corrí a encender las luces, miré el móvil, tenía un par de mensajes y la llamada perdida de mi madre. No oí las campanadas, por tanto, tampoco me comí las uvas. El anillo de oro que tenía en mente para meterlo en la copa de cava estaba aún por localizar. No hubo bragas rojas, tampoco adelanté el pié derecho para que la entrada de año fuese perfecta y la bengala que tenía pinchada en la vela que decoraba la mesa y que esperaba ser encendida justo después de la última campanada seguía allí inmóvil.

Supongo que debía ser así, tenía que ocurrir de esta forma.

Por primera vez en 35 años la tradición no se cumplió en mi caso. Y ¿sabéis qué? Pasados 10 minutos me importó un bledo. Lo he conseguido, este año tenía que ser especial también y así ha sido.

Estoy segura, por eso, que quizás este sea mi año.


Feliz 2009

30 septiembre 2008

El hombre orquesta

Me encantan los cortos de animación. ¿No es este una monada?



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