2 de noviembre de 2011

Los recursos naturales renovables | La pesca

Introducción

En las últimas décadas se ha producido un aumento de la preocupación social por la conservación de los recursos naturales, en gran parte debido a la mayor percepción de la escasez relativa de ciertos elementos y a la progresiva degradación de la naturaleza y el medio ambiente. Estas circunstancias despertaron la inquietud de los economistas hacia este campo de estudio y, en pocos años, los conceptos, formalizaciones y herramientas analíticas utilizadas experimentaron un gran nivel de evolución.

Dentro de este contexto general, el análisis económico aplicado a la pesca ha evolucionado de forma vertiginosa pues, hasta mediados de este siglo, la economía apenas había considerado esta actividad como objeto relevante de estudio. En el siglo XIX la preocupación por la escasez de los recursos naturales se localizaba en los agotables o no renovables. De hecho, en aquella época existía la creencia bastante generalizada de que, dada la inmensidad de este tipo de recursos renovables, la acción de la actividad pesquera apenas causaba efectos relevantes sobre la abundancia y cuantía de los mismos.

La sobrepesca, un problema creciente

En las primeras décadas del siglo XX el dominio de los biólogos en el estudio de los recursos renovables era claro. Quizá, la supuesta abundancia de los recursos pesqueros seguía siendo el motivo fundamental de la ausencia de estudios económicos sobre el tema.

Los problemas no residían solamente en el conocimiento de las características biológicas y de comportamiento de las poblaciones naturales de peces, además era preciso estimar en qué medida el mayor o menor volumen de producción pesquera variaría la oferta natural del recurso en el futuro y, a través de los medios disponibles, cómo se podría gestionar la explotación para poder obtener un rendimiento sostenido a lo largo del tiempo.

Dadas las características de estos recursos, el análisis sobre la explotación de los mismos demandaba una formulación esencialmente dinámica. Por tanto, la reproducción y el crecimiento de las especies no se realiza de forma instantánea por lo que desde el punto de vista biológico se pueden tardar años en alcanzar nuevos estados de equilibrio a partir de situaciones de sobrepesca.

Con la generalización de las Zonas Económicas Exclusivas de 200 millas, y con el fin de evitar la sobrepesca, también se aplicaron regulaciones localizadas cada vez más intensas y precisas (licencias, cuotas, vedas, etc.) que varían según áreas, especies y países (en Europa, la Comunidad actúa con carácter supranacional). Como resultado global de todo ello, en pocos años se generó un nuevo orden pesquero mundial sustancialmente distinto. En este contexto, se ha establecido en la práctica un estado de competencia en el acceso a los recursos y su explotación, tanto a nivel internacional (en el marco de acuerdos públicos o privados) como local (competencia entre flotas en una misma área). La búsqueda de las mejores soluciones económicas y de gestión de los recursos, compatibles con un rendimiento sostenido, se ha convertido en un interesante problema económico.

Hoy día, cerca del 80% de las capturas se producen en sólo el 10% de las áreas oceánicas, incluidas las principales áreas, tales como las plataformas continentales y los estuarios. Según el informe, en este siglo se prevé que muchas de estas áreas sean muy vulnerables a la acidificación de los océanos.

El cambio climático afecta directamente al recurso pesquero

En el último informe extraído del Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) durante la XVI Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Cancún (México) indica que el aumento de las emisiones de CO2 empeorará la situación de los mares y océanos y el impacto sobre la seguridad alimentaria podría ser más complejo de lo que se pensaba.

Además, en el estudio “Consecuencias medioambientales de la acidificación de los océanos” recoge varias investigaciones científicas sobre esta notoria bajada de pH. El proceso está desencadenado por el aumento de las concentraciones de CO2 disuelto, y que está cambiando la química del mar del medio marino.

Este cambio en los océanos es otra señal de alerta que se ha levantado y que conlleva advertencias sobre la salud del planeta por el crecimiento incontrolado de las emisiones de gases de efecto invernadero. Es una pieza nueva y emergente en el rompecabezas científico, pero que está provocando una creciente preocupación.

Dicho problema provocaría cambios en el límite de supervivencia de algunas especies, por ejemplo los cangrejos dependerían de un reducido rango de temperaturas donde poder prosperar, por tanto, podría perjudicar la captura de éstos así como de mejillones y otros mariscos, especies que dependen de los arrecifes de coral y, a su vez, de otras especies, como por ejemplo el salmón, que se alimenta de microorganismos con concha que están en el nivel más bajo de la cadena alimentaria, tenemos que pensar, del mismo modo, en el riesgo que esto entrañaría para la seguridad alimentaria del propio ser humano.

Cerca del 25% de las emisiones de CO2 en el mundo es absorbido por los mares y océanos, el pH de los océanos ha disminuido en un 30% y ha afectado a su química a una velocidad que no se veía en 65 millones de años, desde la extinción de los dinosaurios. Según las tasas actuales de emisiones de CO2, a finales del siglo XXI, el pH de los océanos se reducirá en 0,3 unidades más, lo que representa un aumento de la acidez total del 150%.

La gran mayoría del oxígeno del planeta no es generado por los bosques sino por el coral. De hecho, en los arrecifes coralinos se produce el 80% del oxígeno indispensable para nuestra vida. Sin embargo, el coral es muy sensible a los cambios de temperatura. Un aumento de 2° C en la temperatura del agua, debido al calentamiento global por efecto invernadero, ocasionaría la muerte del 35 % del coral de nuestro planeta.
El informe prevé que la futura acidificación del océano afecte el crecimiento del coral tanto en fases adultas como juveniles, el crecimiento de algas rojas coralinas, la integridad estructural de los arrecifes, por tanto, en las próximas décadas, corales y mariscos podrían encontrar cada vez más dificultades para formar sus esqueletos y así la supervivencia se vería directamente afectada.

Soluciones para que la pesca sea más sostenible  

La integridad del suelo marino se encuentra en un nivel que garantiza que la estructura y las funciones de los ecosistemas están resguardadas y que los ecosistemas bénticos, en particular, no sufren efectos adversos.
El objetivo es que las presiones humanas en el lecho marino no impidan que los componentes del ecosistema conserven su diversidad natural, su productividad y sus procesos ecológicos dinámicos, habida cuenta de la resistencia del ecosistema. El alcance de la evaluación de este descriptor podrá plantear dificultades particulares debido a la diversidad de características que presentan algunos ecosistemas bentónicos (conjunto de organismos que viven en los fondos acuáticos) y ciertas presiones humanas. Será preciso que las tareas de evaluación y seguimiento se efectúen tras un análisis inicial de las presiones humanas y de los impactos y amenazas que pesen sobre los rasgos de la biodiversidad, y después de haber integrado los resultados de la evaluación de una escala pequeña a otra más amplia, cubriendo así, según proceda, una subdivisión, una subregión o una región.

La política principal que debería estudiar la UE sería la regionalización y la co-gestión. Distintos estudios demuestran que muchas pesquerías de todo el mundo cogestionadas por comunidades están bien administradas bajo estructuras limitadas de gobierno central, siempre y cuando las comunidades de pescadores se impliquen de forma proactiva. La co-gestión basada en comunidades es la única solución realista para la mayoría de las pesquerías del mundo, y es una manera eficaz de conservar los recursos acuáticos y los medios de subsistencia de las comunidades que de ellos dependen.

El análisis estadístico muestra que la co-gestión suele fallar si no cuenta con elementos clave:

  • Presencia de líderes destacados en la comunidad y cohesión social
  • Incentivos claros que aseguren a los pescadores -por ejemplo- la cantidad que puedan capturar o el área en la que puedan pescar.
  • Areas protegidas, especialmente cuando se combinan con una cosecha regulada dentro o fuera del área y cuando el área protegida está propuesta y controlada por las comunidades locales.

De este modo, los recursos adicionales deben destinarse a los esfuerzos para identificar a los líderes de la comunidad y construir capital social, y no solo a imponer tácticas de administración que excluyan a los usuarios.

Está demostrado que cuando se implica a los pescadores en una co-gestión regional, aumenta la confianza en el proceso de la toma de decisiones y se contribuye a cumplir la normativa. Asimismo, se contribuye a dar legitimidad al asesoramiento científico.

El punto clave para que la pesca sigua siendo un recurso renovable está directamente relacionado con la sostenibilidad medioambiental como prioridad máxima, por encima de cualquier otra meta social o económica. Dar prioridad a la biología e implementar el asesoramiento científico es fundamental para una pesca sostenible y que existe una clara conexión entre ecosistema y sociedad.

Por ejemplo, los subsidios contribuyen a una sobreexplotación y un empobrecimiento de los recursos, como consecuencia, existe el temor de que la pesca ilegal se vea incrementada. En este sentido, algunos estudios apuntan que la UE ha podido caer en un bucle de retroalimentación negativo. Sin embargo, Noruega, Canadá y los EE.UU. han sabido generar bucles de retroalimentación positivos, en los que las cuotas sostenibles están ayudando a regenerar las poblaciones y, así, se desincentivan las prácticas ilegales.

Bibliografía.-
  • Los criterios y las normas metodológicas aplicables al buen estado medioambiental de las aguas marinas (L 232/14). Diario Oficial de la Unión Europea (2010/477/UE) http://eur-lex.europa.eu
  • Pesca y economía: Una visión general. D. Juan Carlos Surís Regueira | Manuel M. Varela Lafuente. Departamento de Economía Aplicada. Universidad de Vigo.